.
Debe ser tu ausencia lo que me pone con estos ánimos, tú sabes que hasta el último día te creí eterno, sin embargo ahora busco tu abrazo y no hay nadie en estas calles, nadie con tu tono de voz, con tus palabras y siento tanta impotencia, papá, por no tenerte, tanta rabia con esta situación mortal que en cualquier momento nos empuja al abismo de la única certeza. Hoy he buscado tus últimas fotos, las que tomó Giovanni, he intentado abrazarte, pegarme a este monitor para sentir tu fuerza, tu vitalidad, el coraje con el que nos miraste hasta tu último momento. Yo sé que tú intentas hablarnos, mi hermana E. me contó sobre el libro que estás escribiendo, me dijo que estás asustado, pero tranquilo, papá, estoy seguro que no hay otro dolor más fuerte que el que ya soportaste aquí en la tierra; haz eso que me aconsejabas cuando era niño: ora, tú sabes que no estás solo; yo me he quedado preocupado con lo que me dijiste: “En mi velorio, ellos estaban allí, pero ninguno me bendijo”, sin embargo he dado vueltas intentando interpretar esas palabras, le pregunté al hermano Edgar y, sabes, tú has sido un gran hombre: nuestro padre te ha dado el don de la revelación, por eso este contacto, por eso estas visiones, permanece tranquilo papá, tú ya estás bendecido, por eso los ángeles no pusieron sus manos sobre tu cabeza, yo estoy convencido de eso. Escribe el libro, yo te prometo permanecer aquí, atento a tus señales, con esta molestia por no tenerte como antes, con esta rabia tan humana, con este dolor al que también me estoy acostumbrando, con esta tristeza que ha hecho que me aleje de casi todo mi entorno. M. está histérica conmigo, ayer estuvo enferma, yo también estuve mal, hace unas horas llamó y me envió recontra lejos, quizá es mejor así, cargo demasiada oscuridad, demasiado rencor, no quiero contagiarla. F. ha vuelto con el otro; te quería mucho, yo no la merecía. Y ella, sí, la misma, estoy seguro que ni siquiera me recuerda. Solo estoy yo y Lima, papá. Pero estoy bien, pese a todo este vacío, permanezco fuerte; creo que ya me acostumbré a esta ruta esquizofrénica. Mis hermanos desconocen sobre esto. Sino fuese por W. y E. sería el hombre más solo de la tierra. Te extraño demasiado, viejo, estaba escribiendo una novela sobre ti, sin embargo no puedo continuar, cada vez que te imagino me quiebro, busco un momento cuando cazábamos camarones o cuando derribábamos árboles, evoco aquellas noches cuando nos cantabas los yaravíes de papá Antonio, te escucho cantando Luis Pardo o En las peñas del molino, y de pronto me asalta tu imagen de los últimos días con ese desnaturalizado dolor que te azotaba en todo el cuerpo y no puedo sino llenarme de resentimiento; fuiste demasiado fuerte papá, ahora intento calmarme, botar un poco de esta furia con este documento, jamás creí que escribir sea una terapia, pero ya ves, aquí me tienes, apelando a esto para hablarte, para no sentirte lejos, para no sentirme lejos. Te quiero, papá, descansa tranquilo, Socorrito ora por ti todos los días. Gracias por estar pendiente de nosotros. Ahora debo salir, van a ser las dos de la mañana y todavía estoy lejos de la casa.
.